I
A este poema le faltan puntos...
Nomás unos dos que tres,
Tal vez nada importante
Para la diaria locución radial
O televisada,
Pero muy, realmente muy
importantes
Para casos casi cotidianos.
Doctores de la lengua y de los puntos
(si es que alguno se digna en llamarse así),
hay necesidad de un punto ortográfico,
para decir ¡para! Sin rubor...
y actuar el rostro como un pañuelo
Para... que no entiendo... ¿vieron?
(entonces el “¿vieron?” estará bien dicho).
Punto.
Hay necesidad de uno para decir “¡ahí te pudras!”
Y hacer así y mantener la firmeza.
Y no claudicar en las esdrújulas
Cuando conduzco por la derecha a treinta por hora.
Uno, tan solo un punto
Que los lectores lean, -actúen así...-
De hecho este poema se ve,
Más de lo que se oye, qué diré se siente...
Un punto para darme más que por entendido,
Que sonó el timbre de la máquina.
Un sonido que diga: ¡Tin! Rac rac rac rac...
Se acabó la hoja, por favor...
Sírvase pasar al renglón siguiente.
Ojalá me escuchen doctores de la lengua
Y de los puntos. Gracias.

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